Desidentifícate de tu eneatipo

 

Lo que de alguna manera siempre quise es evitar el sufrimiento, las personas están cansadas de sufrir. ¿Te imaginas que el “orgasmo emocional” del que habla Borja Vilaseca, por ejemplo, fuera darme cuenta de que yo no soy un 8? Porque cuando yo me entero de que soy un 8 tengo una impresión, me puede dar un vuelco el corazón. No a todo el mundo le pasa, pero por ejemplo el otro día en mi curso, una persona que descubrió que era un eneatipo 1 le pasó, y a otra persona que descubrió que era un eneatipo 4 también le pasó. Pueden pasar cosas físicamente que no siempre son agradables, no siempre cuando te enteras de tu eneatipo es “guau qué maravilla”, no, a veces es “qué desastre, qué es lo que llevo haciendo durante toda mi vida”. De hecho la mayoría de las personas tienen un impacto emocional fuerte con esto, incluso hay personas que necesitan algunos días para poder asimilar que llevan toda la vida comportándose como un personaje que les lleva al sufrimiento y que quieren dejar de ser ese personaje.

Yo entiendo el Eneagrama como un proceso de desidentificación, no lo entiendo como un proceso de identificación.

Tu imagínate que hubieras elegido venir a este mundo para poder aprender a desidentificarte de tu eneatipo, imagínate que tú hubieras elegido ser un determinado eneatipo, vivir como un determinado eneatipo, para poder desidentificarte de él. Para que cuando llegue tu momento de marcharte de aquí, cuando llegue tu tránsito, puedas haber vivido decidiendo no haber sido tu eneatipo, habiéndote dado cuenta y decidiendo no serlo.

Esto de “decidir no serlo” es relativo, no es exactamente así. Tú no puedes desligarte de tu eneatipo nunca, tu eneatipo está presente. Quizás haya algunos iluminados sufíes que sí hayan conseguido eliminar el ego por completo, pero esto es bastante complejo. Entonces en principio tú estás ligado a tu eneatipo, pero por la otra cara de la moneda lo que estás es ligado a tu esencia. Tampoco puedes desligarte de tu esencia.

Este es el gran problema, que de alguna manera nos hemos creído que somos el ego y que estamos desligados de la esencia. Tenemos que trabajar para aceptar también nuestra esencia.

En un ejercicio que hacemos en el Nivel 3 de Eneagrama, una persona estaba trabajando con su ego y con su esencia, sin desvelar cómo lo trabajamos, porque si no me cargo el misterio, ella tenía que hacer una cosa que era acercarse a su ego y a su esencia. Yo le preguntaba: “¿Qué sientes que tienes que hacer?” y me dice: “Siento que quiero acercarme pero me da miedo”. ¿Por qué? Porque si me acerco me voy a dar cuenta de lo que soy, de que no soy solo ego, sino que también soy esencia, y que estoy tan cerca de uno como de la otra, estoy tan cerca de la otra como del uno.

Se trata de que trabaje en esa dirección, en la dirección de aceptar ambas partes de mí.

Da más miedo acercarte a la esencia que acercarte al ego, porque el ego lo llevo como impregnado en mí. Yo tengo casi 50 años y el eneatipo 8 transmisor no lo tengo ni que entrenar, lo tengo completamente impregnado. Pero, ¿qué me ocurre si me conecto con mi parte humilde e inocente? Lo que ocurre es que se echa abajo todo el personaje creado con el eneatipo 8 transmisor, y ocurre una cosa muy curiosa. Cuando alguien me hace daño, yo creo que me ha hecho daño a mí, pero no es a mí a quien ha hecho daño, sino al eneatipo 8 transmisor, porque a mí en esencia nadie puede hacerme daño. Por tanto, el único daño que yo estoy sintiendo es un daño hecho sobre el ego, es decir, mi ego está herido, mi ego está dolido, mi ego se siente traicionado, mi ego se siente abandonado, etc. Por lo tanto, ¿dónde va el ataque? El ataque es un ataque al orgullo, a la parte “ideal” que yo me he creado, es un ataque hacia el personaje “idealizado” que yo me he creado.

A la esencia no se la puede atacar. La esencia jamás se sentiría atacada, porque estaría viendo que ese supuesto ataque es un ataque hecho desde el ego de la otra persona, y como la esencia no puede ver desde el ego de la otra persona porque solo ve su esencia, pues entonces no se lo tiene en cuenta.

El único que ha sido atacado es el personaje, luego si yo me identifico con un eneatipo y con un instinto en concreto pero no hago nada para trabajar eso, no sirve para nada, sirve solamente para echar un rato. Alguien puede pensar, bueno, y entonces, ¿para qué estudiamos la identificación? Porque si no estudias la identificación, difícilmente te puedes desidentificar, porque hay muchos personajes distintos.

Ahora bien, el trabajo de desidentificación lo tiene que hacer todo el mundo de la misma forma, que es desenmascarando al personaje ideal y dándote cuenta que eres mucho más que eso.

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